Mamá: - ¿Qué cosa?
H: -Un álbum de fotos hecho a mano, con momentos de los últimos dos años.
Mamá: -No entiendo, ¿cuál es la utilidad de eso?
Y así, me criaron.
MARIANA
El pueblo es un pasaje. La entrada... curiosa, una playa de estacionamiento. Hacia el final, un barranco que va a dar al mar. A lo largo del camino están las casas (de esas que parecen aptas para que vivan familias), una iglesia, bares, cervecerías, taperías, y que no falte el club barrial que invita al señor pueblerino a continuar con la ingesta alcohólica. Cruzo una explanada que, sospecho, hace las veces de foro público o plaza.
Este es mi ángel de la guarda. Gesto socarrón y burlón, sobre el respaldo de mi cama. Su compañía no es ni dulce ni salada. Tampoco molesta ni divierte.
Ella transita por las líneas paralelas y curvas que un día se volvieron un poco circulares, sin principios ni llegadas.
Etxera significa "de vuelta a casa" en vasco (euskera).
Pido disculpas por la ausencia? No. La menciono y es suficiente. He estado mirando y retratando, pero de otro modo. Hice de este un año visual, algo de eso puede verse por aquí. Me tomé una tregua de otras formas de escritura, quizás sea tiempo de volver. Es suficiente.
Llegué a la habitación y lo puse en la cabecera. Figura ilustre que marcó la historia y la memoria de mi patria en un siglo que no viví sino a través de ficciones históricas y noveladas. Institucionalizarlo como criatura al mando fue parte mi proceso de apropiación del espacio. Sin embargo, mi perversión se hace presente. Una vez más hago lugar en el podio para una figura cuyo mérito es indiscutible, pero de cuyo accionar me han sido enseñadas consecuencias lamentables (Véase: Tito, Nehru, Franklin...).
Fuera de campo están los otros pájaros. Parecen cuervos, yo los he visto. Vuelan en redondo y graznan, igual que en las películas de territorios a los que solo llegamos gracias a una lente que media entre espectador y espectáculo.
