
Nehru es fuerte, se crió en algún lejano oeste y llegó al micromundo habitacional con voluntad de cambio. Pocas palabras y, cual buen sujeto de acción, aprieta el botón.
Políticas de reordenamiento interno se suceden una tras otra: roperos dados vuelta, escritorio vaciado y vuelto a llenar, biblioteca con cambio de polvos.
Estudio la situación, Nehru ha traído esa revolución de la que tanto se hablaba. El poder se pasea de un lado a otro de mi espacio y mi función se ha reducido a mantener a los líderes a buen riego, cada quince días.
Se rumorea que se avecina un reposicionamiento exterior. El alzamiento continuará sin voluntad expansionista pero con poca flexibilidad a políticas externas. Se explicita el llamado a la no-intervención de potencias extranjeras.
Se anuncia que el poder será reformulado, reestructurado y reentregado a quien corresponda, el gobierno provisional se asume responsable por daños y perjuicios colaterales ocasionados.
Hasta nuevo aviso, la alianza cactusiana se encuentra al mando.