22 de julio de 2010

Un lugar llamado Lituania

Mi viaje a la semilla es largo. A la meta final se puede llegar por diferentes caminos que, encima, son todos sinuosos. Mis respuestas a las preguntas sobre mi pasado dependen, sobre todo, del momento del presente en el que me son hechas, y esto excede el hecho lógico y coherente de que a los 24 he sumado 10 años de historias que no podría haber contado a los 14, porque puedo asegurarles que mi imaginación y detallismo eran mucho más poderosos por aquellas épocas.

Sabemos, entonces, que, cuando hablo de la yo que fui, me reinvento y dejo una cota grande a la creatividad para que me haga ser quien soy por mí. Por ejemplo, cuando tenía 13 años vivía, para muchos de "los demás", en una familia perfectamente disfuncional: tenía un hermano compositor y otro ingeniero que se habían ido cuando yo era muy muy chica y no venían casi nunca, ni siquiera eran hijos de mi papá y no sabían de la existencia de mis hermanas que, aunque vivían con él, tampoco eran hijas de mi padre... Alguna vez le dije a alguien que él y mi madre habían bajado de un barco en el puerto de Buenos Aires conmigo, pequeña tanita recién venida al mundo, bajo un ala y un diccionario para entender español bajo la otra. Esta anécdota falsa presentaba dos puntos flacos que la hacían fácilmente desarticulable: por un lado estaba el error histórico de aproximadamente un siglo para que encajara con las historias de inmigrantes que se ve que en algún momento me hubiera gustado vivir, y por el otro, en mi ingenuidad púber, ignoraba que Tucumán es así de chiquito y resulta ser que, por consenso popular, todo el mundo conoce a todo el mundo. 

Como a los 15 o 16 tomé conciencia de que mi mundo tal cual era (o tal cual yo lo vivía, para ser más precisa) era narrativamente interesante, sólo había que arreglar el punto de vista de la narradora y focalizar en uno u otro aspecto según la audiencia de turno. Bastante rápido fue el paso en el que cambié las mentiras por los juegos de palabras y las risas. Con los años, comencé a preparar mi primer atado de ficciones autobiográficas de fuente histórica (o histérica, dependiendo de cómo se quiera juzgar) y los artificios imaginarios los reservé para mis espacios paralelos que nunca quise dejar desaparecer porque aún hoy son una fuente importante de energía y riqueza para mí. 

A los 24 me pienso a los 0 y... no me acuerdo. Apenas si guardo uno que otro lugar perdido para mis 2 años, palabras sueltas e imágenes familiares un tanto desorbitadas. Ya no recuerdo la primera vez que me trataron de mentirosa, pero de tanto habérmela acordado y repetido durante años, todavía puedo contarla como si sintiera viva la historia: no fue fácil tener 3 años, padre y madre homónimos y de idéntica profesión, y llegar a una guardería en la que la diversidad de nombres y oficios copara lugar, todo un cambio para mis estructuras mentales. 

No hay una genealogía válida tampoco, no podría ser escrita porque hace rato hicieron cortocircuito los cables y se cruzaron los deseos con las realidades, las búsquedas y los encuentros, el azar y la razón, los tiempos y los destiempos. Mi viaje a Lituania aún me lo debo, y como me he sabido tan cerca y tan lejos, por indecisión, es posible que mis ganas de llegar nunca dejen de ser. Lituania está ahí para mí como no lo está para nadie, es esa idea-refugio que alguna vez me inventé para proteger y resguardar mis ideales, mis ideotas, mis ganas, mis rencores, mis odios, mis amores imposibles, mis deseos por alcanzar, mi incomprensión, mi querer entender y todo aquello de lo que a diario preciso pero que no se tiene que acabar nunca jamás. 

Dejo este texto abierto porque no encuentro forma de darle un cierre, porque aunque quisiera aún no ha sido escrito, ni vivido, ni imaginado. He perdido el hilo y lo he reencontrado a lo largo de los párrafos y de las horas del día en las que esta ventana estuvo abierta, y quizás retome esta idea, entre otras, más adelante.

3 pinceles hicieron su aporte:

Rodrigo dijo...

Como quisiera y me gustaría que vos seas mi narradora (sí, vos, la que narra la vida de mi amiga Mari Pater).
Te quiero.
Las quiero.

Valebé dijo...

Ya era hora!!
Todos tenemos nuestra Lituania, no?
Hoy no tengo mucho que decir, me perdona, señora?
Extrañaba tus palabras. A vos, te sigo extrañando.

Mariana dijo...

Ro: nos queremos en trío, yo, mi alteryo y vos. juntémonos a cantarnos cuentos!

Valebecita: no sé si te perdono por pedir perdón. yo a tu persona la sigo extrañando, por suerte tus palabras me alegrán y me hacen sonreír casi todos los días :D

 
 
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