Hace 1 año
15/04/2011
Epílogo
Creo en ciertas cosas. Creo en los círculos que abarcan ideas y personas, caras familiares que se repiten una y otra vez, y que contienen. Porque los círculos son una curva cerrada sobre otra igualmente cerrada, un espacio de protección (incluso a veces pareciera que los círculos no dan lugar ni a entradas ni a salidas).
Los círculos, muchos, no tienen una buena imagen... y pienso en eso de los círculos viciosos, que roen y roen y roen y vuelven a roer la misma herida, que no termina nunca por cicatrizar. Algo así como tropezar todo el tiempo con la misma piedra.
El círculo da vueltas sobre un eje, y aunque éste cambiara, no cabría la posibilidad de alterar la forma, y Pi, número fijo, seguirá siendo parte de la fórmula universal que calcula la superficie de todos y cada uno de los círculos, por más variados que sean sus tamaños. Los círculos, y sus funcionamientos, resultan así bastante predecibles.
Es cierto que los círculos se cruzan con otros círculos y, entonces, es posible abrir espacio y entrar en una corriente nueva. Salir del círculo sin terminar de hacerlo, aunque sea para caer en nuevo círculo que, variante más, variante menos, ya sabemos que responderá a un funcionamiento similar, ya conocido.
Salir del círculo sin caer en la espiral, sin terminar ensimismándome en un punto que conduzca a la nada o que lleve al infinito. Cómo. Cortar con toda regla que anteceda la experiencia, borrar las etiquetas, los estereotipos, hacer a un lado la palabra ajena y que duela el cuerpo como tenga que doler para que se entienda como se tenga que entender. Sacar la cúpula de vidrio que mantiene mis castillos de naipes al resguardo del viento y, si tienen que caer, que caigan. Caminar al borde del precipicio, sobre una cuerda floja que solo me sostiene en la medida en que la tensión es constante en los extremos, saber que no hay redes de contención, olvidar el contrapeso, soltar, soltar, soltarme y caer al vacío hasta que se rompa la lente de las formas geométricas predefinidas y que todo se mezcle para volver a ordenarlo. Cómo correr riesgos.
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al límite de lo real
23/03/2011
La ficha
Soñé que me masturbaba con un objeto. Ese objeto era de vidrio, frágil y transparente, y entraba pero no salía. Soñé que lo que salía era un hilo de sangre, pero yo no sentía dolor. Soñé que el objeto se rompía e imaginé las fracturas del vidrio dispersándose dentro de mí, seguí sin sentir el dolor.
Soñé que despertaba de un sueño con sangre entre las piernas y el recuerdo del vidrio y la excitación. Estaba en mi cuarto y me preocupaba manchar las sábanas, me preocupaba qué iba a decir de eso. Me preocupaba tener que pararme y caminar, con el riesgo de que los vidrios se incrustaran en mis órganos y el dolor, por fin, apareciera.
No recordaba el momento en que el vidrio se había metido dentro de mí, recordaba la excitación pero no el sentimiento de placer y eso no me molestaba. Como no existía el dolor -sí el miedo a sentirlo-, tampoco me preguntaba qué era eso dentro de mí que había sido la causa primera del sangrado. Me desangraba por mi sexo, mi zona más vulnerable, y no podía frenarlo.
Entonces desperté a un tiempo de los dos sueños, que cabían el uno en el otro, y me vi en la misma habitación. Las sábanas estaban limpias, mis piernas secas, y escuchar voces familiares de fondo calmó mi angustia. Después, pasaron las horas y los días y yo me fui olvidando, me acordaba de poco y de a poco. Hasta que un día comprendí.
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al límite de lo real
11/01/2011
Soy
La primera pregunta es la que se mantiene estática a lo largo de los tiempos y los espacios. Invariable, a diferencia de su respuesta, que parece que cambia de muda en cada cruce de calle, en cada vuelta de esquina: quién soy?
Soy. Es lo que puedo decir de mí. No sé si tengo un alma, un espíritu, una esencia... mi tendencia al racionalismo lógico me impide admitirlo, salvo en momentos de extrema perturbación o debilidad. En cambio, sé que tengo un cuerpo, uno bastante grande y notorio, por cierto. Por supuesto que la Química, la Física, y la Anatomía no me alcanzan para explicar (ni para entender) esto que estoy haciendo en este momento, que es una reflexión... no sé cómo ni por qué se produce, tampoco sé por qué existen las dudas. En cambio, sé que son motores de cambio y movimiento y con eso (por ahora), me alcanza.
(Me) resulta curioso lo simple que resulta, a veces, saber quiénes son los demás. Aquél, éste, o el de más allá. Con ellxs no existe la clemencia de la duda, la contemplación de los cambios internos. Ellxs son y han sido así, y es poco probable que vayan a cambiar. Demás está decir que son definiciones prácticas que, por lo general, no vienen más que a justificar mi grado de relación con tal o cual persona. Definir a lxs demás para definirme a mí. Así puesto, no suena demasiado a buen camino.
Y el panorama empeora si pienso que este mecanismo me puede ser aplicado a mí. Seguramente, yo también soy y he sido así para vos, para ella, o para él, o para ellxs. Y es un problema cuando compruebo que no, que claro que no fui siempre así, que antes era otra sin ser Otra. Me duelo conmigo, no estoy en paz con mi pasado ni sé cómo estarlo. Y cuando pienso que soy mi pasado y lo seguiré siendo para siempre y para tantxs, se desvanece mi capita de nomeimportaloquepensesdemí, y pido otra oportunidad.
Vuelve a resultarme curioso, parece que le estuviera hablando a alguien que no soy, pero en el fondo sé que no. Que si me miro hoy al espejo y todavía no me reconozco, tampoco aquella imagen vieja hace sentido.
Soy, entre tantas otras cosas, una persona insegura.
Soy. Es lo que puedo decir de mí. No sé si tengo un alma, un espíritu, una esencia... mi tendencia al racionalismo lógico me impide admitirlo, salvo en momentos de extrema perturbación o debilidad. En cambio, sé que tengo un cuerpo, uno bastante grande y notorio, por cierto. Por supuesto que la Química, la Física, y la Anatomía no me alcanzan para explicar (ni para entender) esto que estoy haciendo en este momento, que es una reflexión... no sé cómo ni por qué se produce, tampoco sé por qué existen las dudas. En cambio, sé que son motores de cambio y movimiento y con eso (por ahora), me alcanza.
(Me) resulta curioso lo simple que resulta, a veces, saber quiénes son los demás. Aquél, éste, o el de más allá. Con ellxs no existe la clemencia de la duda, la contemplación de los cambios internos. Ellxs son y han sido así, y es poco probable que vayan a cambiar. Demás está decir que son definiciones prácticas que, por lo general, no vienen más que a justificar mi grado de relación con tal o cual persona. Definir a lxs demás para definirme a mí. Así puesto, no suena demasiado a buen camino.
Y el panorama empeora si pienso que este mecanismo me puede ser aplicado a mí. Seguramente, yo también soy y he sido así para vos, para ella, o para él, o para ellxs. Y es un problema cuando compruebo que no, que claro que no fui siempre así, que antes era otra sin ser Otra. Me duelo conmigo, no estoy en paz con mi pasado ni sé cómo estarlo. Y cuando pienso que soy mi pasado y lo seguiré siendo para siempre y para tantxs, se desvanece mi capita de nomeimportaloquepensesdemí, y pido otra oportunidad.
Vuelve a resultarme curioso, parece que le estuviera hablando a alguien que no soy, pero en el fondo sé que no. Que si me miro hoy al espejo y todavía no me reconozco, tampoco aquella imagen vieja hace sentido.
Soy, entre tantas otras cosas, una persona insegura.
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me teorizo
06/01/2011
Por qué será...
...que tenemos una obsesión irracional por la perduración de las imágenes, de los objetos?
...que el miedo, la incomprensión y la incomunicación parecen ser las causas más frecuentes para el fin de las relaciones?
...que no ser egoístas, aunque sea en una mínima medida, resulta imposible?
...que me olvido? y no me acuerdo, aunque quiera y lo intente.
...que siempre es más fácil definir por comparación y en contraste que buscar las propiedades específicas que hacen a un objeto, situación o sentimiento?
...que me salto los ejemplos cuando leo teorías?
...que no me acuerdo de los sueños y cuando me acuerdo prefiero olvidarlos?
...que a veces da la sensación de que la sensibilidad se va perdiendo de a poco?
...que necesitamos tanta protección? en todo y de todos.
...que a una noche de estrellas sigue un día de grises?
...que estoy tan cansada antes de empezar a leer o a escribir?
...que cuando me enojo con Alguien o conmigo trato mal a los demás?
...que a la primavera le gusta ver estornudar a la gente con alergia?
...que las miradas fijas de los cuadros y las fotos persiguen obsesivamente a sus espectadores?
...que siempre queda más por conocer?
...que siempre hay algo que se puede mejorar?
...que una sonrisa o el calor de un abrazo pueden dar vuelta un día?
...que con los dedos de una mano cuento a quienes nos gustan los caramelos media hora y todavía se siguen fabricando?
...que las preguntas, las dudas y las inquietudes siempre superan a las certezas y las seguridades?
y así, un etcétera infinito de preguntas a las que aún no encuentro respuesta.
Y sin embargo se sigue... con el miedo, la incomprensión, los desvaríos, con la ilusión de que sí, se puede mejorar, que algún día algo más se llegará a entender y ganaremos certezas, para abrir la puerta a las dudas nuevas que siempre seguirán teniendo su tiempo para llegar.
Y sin embargo se sigue... con el miedo, la incomprensión, los desvaríos, con la ilusión de que sí, se puede mejorar, que algún día algo más se llegará a entender y ganaremos certezas, para abrir la puerta a las dudas nuevas que siempre seguirán teniendo su tiempo para llegar.
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cheer me up,
me invento
29/12/2010
Balanceándo(me)
Abro los ojos, aunque las lagañas no ayudan. Despejo mi vista y observo el cieloraso verde sobre mi cabeza, al mismo tiempo respiro profundo y me voy despertando. En un estado de semiconciencia mezclo los recuerdos de la noche, las aventuras de los sueños y las preocupaciones del día. Una vez una amiga me dijo que no tenía que preocuparme hasta después del desayuno, pocas veces lo he puesto en práctica.
Bajo, el baño. La rutina se repite, sospecho incluso que lavo mis dientes uno por uno en el mismo orden cada vez, la toalla vuelve a su lugar. Mi café con leche, mis galletas, mi mermelada. Edulcorante, siempre que se pueda. Lo más probable es que para ese momento ya no haya más que recuerdos vagos del sueño y yo intente reconstruirlo, sin mayor esfuezo.
El panorama externo varía: la calle, la casa, el colectivo... según el día, las ganas y las obligaciones. Hacia dentro las cavilaciones se repiten día tras día, año tras año. Hasta que un día, digamos hoy, me levanto cansada de ser yo la que tiene que pensarse, la que tiene que pensarlo. Y quiero ser otra persona, quiero sentir distinto, mirarme al espejo y poder percibirme un poco como me perciben algunxs allá, afuera de mí. Me canso del miedo y la desilusión.
Me agoto en la paciencia que ya no tengo, y siento hastío. Un poco es el fin de año, ya sé, pero hay un gustito conocido en todo esto, un saborcito viejo y amargo. Quizás sea algo cíclico, aquello que aparece (hago aparecer) para recordarme que yo sigo siendo yo y no me puedo despegar de mí.
Esperando a que las situaciones cambien, mejoren, la vida se pasa y una se queda mirando. La acción pura tampoco me vale, pierdo el sentido, la dirección.
Encontrar el equilibrio sano, reírme más de mí, más con lxs demás. Relajarme (me cuesta tanto). Evitar estar a la defensiva desde que me levanto hasta que me acuesto. Escuchar más, hablar como me gusta. Pedir menos. Aprender, reaprender, desaprender, entender. Tener tiempo para.... volver a sacar fotos, volver a escribir, hacer ejercicio, ver a la gente que quiero, sentir el paso del tiempo momento a momento (sin intensidad, ni atolondramientos). Andar más camino.
Me miro al espejo y últimamente me pasa que a veces no me reconozco, no me identifico. Me asusto y me voy casi siempre. De a poco quiero quedarme, encontrarme en mi reflejo.
Mi deseo es un clásico todos los años, todos los brindis, todas las vaquitas de San Antonio, todas las pestañas y hasta cada vez que tiro el huesito del pollo: La Felicidad, así, con mayúsculas y con todas sus implicaciones. Siempre se cumple en dosis y se renueva para mí, lo hago extensivo para todxs.
Salud por las rutinas, por los cambios, por los buenos deseos, por las alegrías, por las esperanzas, por los abrazos y los besos, por el cariño, por la ternura. Ojalá que inunden a 2011, que lo hagan grande.
Bajo, el baño. La rutina se repite, sospecho incluso que lavo mis dientes uno por uno en el mismo orden cada vez, la toalla vuelve a su lugar. Mi café con leche, mis galletas, mi mermelada. Edulcorante, siempre que se pueda. Lo más probable es que para ese momento ya no haya más que recuerdos vagos del sueño y yo intente reconstruirlo, sin mayor esfuezo.
El panorama externo varía: la calle, la casa, el colectivo... según el día, las ganas y las obligaciones. Hacia dentro las cavilaciones se repiten día tras día, año tras año. Hasta que un día, digamos hoy, me levanto cansada de ser yo la que tiene que pensarse, la que tiene que pensarlo. Y quiero ser otra persona, quiero sentir distinto, mirarme al espejo y poder percibirme un poco como me perciben algunxs allá, afuera de mí. Me canso del miedo y la desilusión.
Me agoto en la paciencia que ya no tengo, y siento hastío. Un poco es el fin de año, ya sé, pero hay un gustito conocido en todo esto, un saborcito viejo y amargo. Quizás sea algo cíclico, aquello que aparece (hago aparecer) para recordarme que yo sigo siendo yo y no me puedo despegar de mí.
Esperando a que las situaciones cambien, mejoren, la vida se pasa y una se queda mirando. La acción pura tampoco me vale, pierdo el sentido, la dirección.
Encontrar el equilibrio sano, reírme más de mí, más con lxs demás. Relajarme (me cuesta tanto). Evitar estar a la defensiva desde que me levanto hasta que me acuesto. Escuchar más, hablar como me gusta. Pedir menos. Aprender, reaprender, desaprender, entender. Tener tiempo para.... volver a sacar fotos, volver a escribir, hacer ejercicio, ver a la gente que quiero, sentir el paso del tiempo momento a momento (sin intensidad, ni atolondramientos). Andar más camino.
Me miro al espejo y últimamente me pasa que a veces no me reconozco, no me identifico. Me asusto y me voy casi siempre. De a poco quiero quedarme, encontrarme en mi reflejo.
Mi deseo es un clásico todos los años, todos los brindis, todas las vaquitas de San Antonio, todas las pestañas y hasta cada vez que tiro el huesito del pollo: La Felicidad, así, con mayúsculas y con todas sus implicaciones. Siempre se cumple en dosis y se renueva para mí, lo hago extensivo para todxs.
Salud por las rutinas, por los cambios, por los buenos deseos, por las alegrías, por las esperanzas, por los abrazos y los besos, por el cariño, por la ternura. Ojalá que inunden a 2011, que lo hagan grande.
15/10/2010
Hechos comprobados
-...inevitablemente te vas a enamorar de mí. Nos vemos luego.
- Es un desafío? Mirá que puedo no oponer resistencia.
- Es un hecho.
Y así, caer. Con narices de payaso, copos de nieve, flores y corazones que van a explotar de tanto latir. Llenar un termo y compartirlo. Cuidarte y que me cuides. Buscar tu mano en el aire y, a veces, encontrarla. Aprender a saberte. Permitirme enojarme. Agotar tu paciencia. Reír.
Recordar la sorpresa, la duda inicial. Y el asombro, no perderlo nunca. Comprobar que no estamos hechas a prueba de lluvia. Un beso o dos, cada vez menos furtivos.
Dejarme llevar por esa luz tan tuya. Convencerte de que mis ojos solamente están ahí para mirarte. Abrazarte fuerte. Quererte tanto.
Y así, rodar.
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al límite de lo real
28/09/2010
El tiempo que llevo volviendo
Quiero una imagen que sintetice los últimos 365 días de mi vida. Quiero una imagen que empiece el 28 de septiembre de 2009 y termine ayer. Quiero que sea una imagen estática que revele todo el movimiento del último año, el tiempo que llevo volviendo.
Volver, como si se saliera de una limpieza de cutis, airear los pulmones y aprender a respirar de nuevo el aire que respiraste antes, siempre. Encontrar todo igual y percibirlo tan distinto. Renovar la agenda, cambiar la rutina, hacerse una en los demás y en una, con los proyectos nuevos. El optimismo de pensar que antes no se podía porque el ángulo visual no daba, pero ahora por qué iba a fallar? Saberte diferente, aunque te vean igual.
Y los recuerdos del tiempo en que decidiste irte, cansada un poco de los días en meseta, con ganas de picos y valles. Y la vuelta, con el aprendizaje de que cualquier geografía espiritual corre el riesgo de dinamitarse a cada momento, y el paraíso se vuelve páramo. El optimismo fue la nota que sonó en tu cabeza cuando llegaste y aquí estás, un año después.
Me balanceo en la cuerda floja cada tanto, no sea cuestión de perder la costumbre, aunque nunca terminaron de simpatizarme las hamacas. Avanzo, hay una línea recta que hace de guía en el centro, la serpenteo y me desvío cada vez que veo a lo lejos la señal de Alto! Sonrío y sé que voy a demorarme más de la cuenta, he descubierto el poder de la lágrima y sus propiedades curativas. Andar lento no es detenerse, aunque a veces apenas note la diferencia.
Quiero esa imagen que no encuentro en mi archivo y apenas concibo en mi mente. Mientras tanto, un respiro.
Volver, como si se saliera de una limpieza de cutis, airear los pulmones y aprender a respirar de nuevo el aire que respiraste antes, siempre. Encontrar todo igual y percibirlo tan distinto. Renovar la agenda, cambiar la rutina, hacerse una en los demás y en una, con los proyectos nuevos. El optimismo de pensar que antes no se podía porque el ángulo visual no daba, pero ahora por qué iba a fallar? Saberte diferente, aunque te vean igual.
Y los recuerdos del tiempo en que decidiste irte, cansada un poco de los días en meseta, con ganas de picos y valles. Y la vuelta, con el aprendizaje de que cualquier geografía espiritual corre el riesgo de dinamitarse a cada momento, y el paraíso se vuelve páramo. El optimismo fue la nota que sonó en tu cabeza cuando llegaste y aquí estás, un año después.
Me balanceo en la cuerda floja cada tanto, no sea cuestión de perder la costumbre, aunque nunca terminaron de simpatizarme las hamacas. Avanzo, hay una línea recta que hace de guía en el centro, la serpenteo y me desvío cada vez que veo a lo lejos la señal de Alto! Sonrío y sé que voy a demorarme más de la cuenta, he descubierto el poder de la lágrima y sus propiedades curativas. Andar lento no es detenerse, aunque a veces apenas note la diferencia.
Quiero esa imagen que no encuentro en mi archivo y apenas concibo en mi mente. Mientras tanto, un respiro.
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al límite de lo real
21/09/2010
La huella
Lo lindo de los afectos es que nos dejan sus huellas marcadas en el cuerpo, hasta la matriz.
Vos te preguntás para qué estás acá. Y yo te digo que los chicos te esperan, aunque ya lo sepas, que los chicos te sonríen, aunque a veces solamente lloren y se peguen, que los chicos te dan la mano para cruzar la calle, porque en vos confían.
Vos a veces creés que no, pero yo sé que en el fondo sabés que sí, que no te podés olvidar así de fácil. Porque a mí me dijiste que tenías el sacapuntas más afilado y podías dibujar las mejores sonrisas, aunque los días... las semanas... a veces se pongan muy nublados.
Y cuando vengan las piedras, yo quiero hacerte acordar de los colores con los que sabés teñir el pavimiento, de las flores cálidas que pegás en esa mole de cemento gris, tan fría... tan helada que estaría si no fuera por la música y las carcajadas de tus pequeños... Te voy a hacer acordar del día que pasaste bajo el arco del triunfo, que iba desinflándose de a poco, pero a vos todos te aplaudieron y los chicos corrieron fuerte a abrazarte y después corrieron para poder ganar ellos también y recibir esos aplausos.
Porque ellos se acuerdan, seguro que sí. Porque esa es tu huella, porque vos para ellos estás ahí y siempre de vos van a querer más. Porque sos parte de los asados, las meriendas, los juegos, las charlas, los cines... Porque ellos son parte de vos y su huella ya la dejaron marcada en su agradecimiento y en sus demandas.
Lo lindo de los afectos es que nos respaldan, que nos hacen creer que podemos, que a veces hacen de guía y otras nos ponen límites... cuando nosotros nos olvidamos de hacerlo. Lo lindo de los afectos es, simplemente, saberlos presentes.
Vos te preguntás para qué estás acá. Y yo te digo que los chicos te esperan, aunque ya lo sepas, que los chicos te sonríen, aunque a veces solamente lloren y se peguen, que los chicos te dan la mano para cruzar la calle, porque en vos confían.
Vos a veces creés que no, pero yo sé que en el fondo sabés que sí, que no te podés olvidar así de fácil. Porque a mí me dijiste que tenías el sacapuntas más afilado y podías dibujar las mejores sonrisas, aunque los días... las semanas... a veces se pongan muy nublados.
Y cuando vengan las piedras, yo quiero hacerte acordar de los colores con los que sabés teñir el pavimiento, de las flores cálidas que pegás en esa mole de cemento gris, tan fría... tan helada que estaría si no fuera por la música y las carcajadas de tus pequeños... Te voy a hacer acordar del día que pasaste bajo el arco del triunfo, que iba desinflándose de a poco, pero a vos todos te aplaudieron y los chicos corrieron fuerte a abrazarte y después corrieron para poder ganar ellos también y recibir esos aplausos.
Porque ellos se acuerdan, seguro que sí. Porque esa es tu huella, porque vos para ellos estás ahí y siempre de vos van a querer más. Porque sos parte de los asados, las meriendas, los juegos, las charlas, los cines... Porque ellos son parte de vos y su huella ya la dejaron marcada en su agradecimiento y en sus demandas.
Lo lindo de los afectos es que nos respaldan, que nos hacen creer que podemos, que a veces hacen de guía y otras nos ponen límites... cuando nosotros nos olvidamos de hacerlo. Lo lindo de los afectos es, simplemente, saberlos presentes.
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vemos (a veces)
20/09/2010
Acerca de cómo borré el mes 09 del calendario
Hay números que no me gustan. Y no hace falta una clase de numerología o un don Freud buceando en mi inconsciente para explicarlo. Hay números que, según la evidencia comprueba, no sé dibujar.
09 me resulta incómodo. 10 es sencillo y completo, 08 cae simpático por sus esferas asimétricas. 09 está ahí, entre lo demás y lo de menos. Casi llega, casi alcanza... pero no. Y no hay caso, me resisto a dibujarlo, lo anulo. He pasado 20 días, cada uno de ellos sin excepción, dibujando fechas equivocadas, profetizando un octubre al que le falta para llegar, teniendo que tachar los 1 y dibujando los 9 con rabia, un día tras otro. Un despropósito.
¿Será el número o será el mes? ¿Qué (me) pasa con septiembre? Hay flores monas, los días duran más, vuelan las colchas, hay hormonas en revolución enloquecida, hay olores de los ricos... bueno, y de los otros también, hay alergias, vuelve la transpiración, no llueve, odio la tierra, mis pelos comienzan a pararse en punta esponjosa con las primeros calores, todo el mundo se apura porque el fin de año está ahí, a la vuelta de la esquina y otro año que se ha ido y pareciera estar todo igual y la gente se empieza a desmoronar porque las metas no van siendo cumplidas y a veces caen a pedazos por los cambios y otras veces se desmoronan porque no preveían sus pequeñas caídas y me aturden, dejan de escucharse, y me aturdo y perturbo y paro de escucharme y no quiero saber que ya se acaba otro año más y menos que menos que otra primavera (estación de las maravillas para lo intenso y lo efímero) se nos escapa. Aunque ya sé que ni acaba de empezar.
Ansiedad, nunca me gustaron las transiciones. Otro despropósito.
09 me resulta incómodo. 10 es sencillo y completo, 08 cae simpático por sus esferas asimétricas. 09 está ahí, entre lo demás y lo de menos. Casi llega, casi alcanza... pero no. Y no hay caso, me resisto a dibujarlo, lo anulo. He pasado 20 días, cada uno de ellos sin excepción, dibujando fechas equivocadas, profetizando un octubre al que le falta para llegar, teniendo que tachar los 1 y dibujando los 9 con rabia, un día tras otro. Un despropósito.
¿Será el número o será el mes? ¿Qué (me) pasa con septiembre? Hay flores monas, los días duran más, vuelan las colchas, hay hormonas en revolución enloquecida, hay olores de los ricos... bueno, y de los otros también, hay alergias, vuelve la transpiración, no llueve, odio la tierra, mis pelos comienzan a pararse en punta esponjosa con las primeros calores, todo el mundo se apura porque el fin de año está ahí, a la vuelta de la esquina y otro año que se ha ido y pareciera estar todo igual y la gente se empieza a desmoronar porque las metas no van siendo cumplidas y a veces caen a pedazos por los cambios y otras veces se desmoronan porque no preveían sus pequeñas caídas y me aturden, dejan de escucharse, y me aturdo y perturbo y paro de escucharme y no quiero saber que ya se acaba otro año más y menos que menos que otra primavera (estación de las maravillas para lo intenso y lo efímero) se nos escapa. Aunque ya sé que ni acaba de empezar.
Ansiedad, nunca me gustaron las transiciones. Otro despropósito.
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