25/05/2010

Todo lo demás son presunciones



Vos sabés lo que me pasa cada vez que te veo? Bueno, no me pasa mucho, en realidad, porque cada vez que anticipo que te voy a cruzar, hago un ejercicio de pacificación interna que me da mucha calma y eventual equilibrio.

Antes y después estallo, pero mientras tanto estoy entera y juraría que vos ni te enterás. Sobre todo porque cuando estoy ahí, hasta yo me olvido. Mi cuerpo por ahí se acuerda, pero hasta que reaccione... podrían pasar mil años.

Creo que vos y yo no deberíamos vernos más a solas. Creo que vos y yo vamos a agotar muy pronto los temas de los que hablar (y entonces...?). Creo de vos y de mí que podríamos construir una amistad tan bonita... si tuviéramos ganas, creo que corremos ese riesgo. Creo que ni a vos ni a mí nos interesa demasiado. Creo firmemente que me estás buscando, que quizás no me deje encontrar, no aún. Creo que mientras mis ganas se crean dispersas, en diferido van a quedar.

Me presumo culpable de antemano. Ya no puedo decir que no haga nada porque lo siento en la pasividad de mis días, aunque suene contradictorio. Me gusta saberme en un presente de inocencia y sostener el juego de la complicidad de a dos. Esa complicidad que no significa nada, que a nadie incomoda demasiado porque nadie quiere, ni puede, hacerse cargo de ella. 

Antes y después estallo, pero el mientras tanto dura más de lo que se podría pensar. Y aquí estoy, y aquí presumo que estás. Yo no quería, pero desde afuera me convencieron de lo que en este instante parece evidente... 

22/05/2010

Por gente como vos, mi mundo está como está


Me acuerdo del golpe del baúl cuando lo cerré con furia después de haber guardado la guitarra. Me acuerdo de mi furia y mi mal humor. Me acuerdo de que esa noche fue la primera vez que renuncié a algo en lo que había creído con convicción. Tenía 16 años y estaba en la puerta del colegio.

Sé que vos no me estabas esperando. Me lo han dicho tantas veces desde entonces y hasta ahora que es casi un cliché en mi vida el meterme en la de los demás cuando nadie me llama, pasa que me dan paso. Igual, vos me miraste y yo te miré (o yo te miré y vos me miraste, el orden ya da igual). Nos miramos y nos seguimos en un revés de las cabezas que duró poco pero fue suficiente. Volví a mi furia, que ahora alternaba con momentos de pequeño gozo buscando tu mirada cómplice en la distancia. La situación me divertía, y ya me había olvidado de que estaba esperando a alguien que no llegaba.
Fue cuestión de 15 minutos, te acercaste me preguntaste por mi remera, te respondí, te prometí algo, cambiamos emails, nos despedimos. Después, más tarde, te vi de la mano de ella y a mí me vi de la mano de él y entonces las cosas recobraron su orden natural. Yo presenté la renuncia y me volví temprano a casa. Estaba harta, pero contenta: el oasis de las sonrisas que me ayudaste a conseguir. 
Tres días después tocaste el timbre de mi casa, dos más tarde, ella y él volvieron a saber de la soledad, y en el séptimo día el cielo y la tierra se unieron en una noche infernalmente larga, entre tránsitos pedestres y charlas sobre música, ideas y revoluciones, con los primeros acordes metálicos de fondo que yo empezaba a reconocer. La terminamos juntos. En realidad, fue nuestro comienzo. 

Nunca supe cuándo terminé de estar con vos. Porque es cierto que un día, tiempo tiempo tiempo después, me fui, que el final estaba anunciado casi desde el momento de la unión (otro de mis clichés), pero no era un final elegido ni provocado por nosotros. Y la seguimos, y nos dejamos, y nos reencontramos -porque volví-, y nos volvimos a dejar, y empecé otras aventuras y las dejé, y te reencontré... y en algún punto la primera persona plural se volvió singular. La precisión del momento es lo de menos, pasaron años sin que pudiera desprenderme de la idea platónica que inventé de nosotros. Efecto de los recuerdos que, por mucha conciencia que haya de que engañan y distorsionan, no pierden su poder. 

Hace unas semanas un café azaroso nos encontró de frente, y los temas fueron los de siempre. Todavía queremos salvar el mundo, y el mundo se nos hace cada vez más grande e inabarcable, aunque por momentos parece pequeño y sujetable. Maldito mundo en contradicción que no entiende que nuestra conquista será por su bien. Nos prometimos más cafés, te prometí un libro (todavía lo tengo separado), me prometiste algo más que ya no recuerdo. Seis años después de un probable fin a la primera vuelta, te sentí bien, te sentí completo en tu incompletitud, y te vi con ganas de estar como estás. Vale mi confesión, es la primera vez que te veo y no me invade la inquietud del "qué hubiera pasado si...". Me sentí bien a mí con vos así. No voy a terminar en la cursilería de decir que el encuentro fue un cierre de lo viejo y que ojalá que sea el comienzo de una nueva forma de relacionarnos... pero sabé que lo pensé. 

No se me ocurre final mejor: Es por gente como vos que el mundo está como está: un poco menos peor de lo que podría ser; con espacios alternativos que hacen pequeñas revoluciones todos los días en las cabezas y en las esquinas, en las plazas y los escenarios, en la facultad y entre los amigos; donde el egoísmo y la egolatría pasan a un segundo plano en pos de la empatía del aprender a compartir, aunque reconozcamos que a veces mueve el narcisismo de creer que se hace el bien. Salud por eso, por nosotros, y que nunca falte la alegría. 

17/05/2010

Sal solcito



Tiempo de calma, el invierno. Tiempo usual de soledad para mí, momento para poner el cuerpo a tono con la última tendencia en defensas y protecciones: los abrigos, las bufandas, los guantes, los pasamontañas, los gorros y las orejeras. Este año, todo parece preparado para ser diferente.

El sol se hace corto, cuando aparece. Yo me (le) río y me invento rutinas nuevas en calendarios a medio usar. Dejé la agenda en el cajón, no aprendimos a convivir. Compré un cuaderno de hojas lisas, pequeñito, sin cajas, ni renglones, ni marcas para las fechas o los números, liso hasta la náusea. Las páginas se escriben sin un orden claro. No, las páginas las escribo yo (aunque a veces me olvido), y pasan y pasan.

Reviví muchos músculos: las carcajadas no me abandonan, y eso que los pronósticos no son auspiciosos en varios flancos. Vamos, que no me quede con las ganas.

Las ganas. Mis ganas me van a traer problemas, lo presiento en ciertos indicios que por momentos afloran y se escapan entre miradas perdidas y una complicidad que se oculta en la comisura de unos labios que me gusta mirar, sobretodo cuando me sonríen. Las palabras se mezclan con la chispa de unos ojos pícaros que miro cuando me ven, y otras veces también. Y así, no se la pasa tan mal entre los días fríos. Las ganas, las mías, me dan calor cuando me dirigen, y este año no se miden.

Llega el invierno y me mueve la primavera. Bienvenidas las mariposas.

10/05/2010

Se disfruta

Mi vida a veces puede ser una gran carcajada. Y es mejor así, sin imágenes ni mil palabras. 

04/05/2010

Los sentidos, mis sentidos

Lo siento. Lo siento tanto. Y es algo corporal que me atraviesa viceralmente.
Naturalmente, tiendo a decirme dueña de seis sentidos, y el sexto está ahí, es ese transversal que surge de la combinación de uno y otro sentido, de todos, de algunos y se me mete como línea oblicua que serpentea dentro llenándome de chuchos y escalofríos.

Primero, pensé y sentí que mi mirada era lo fundamental. Yo era en mi mirada: era mi arma, mi comunicación, mi espacio de recreación, mi puente hacia los otros, mi manera de ruborizarme, de marcar enojos y rencor, mis indiferencias, mi extensión, mi caña de pescar, mi negación, y por eso, ante todo, yo era en mi mirada estando sin estar. Porque mi cuerpo no se metía, jamás... hasta que el territorio no fuera digno de ser creído tierra firme, un lugar seguro.

Inevitablemente, tuve que matarme. Un sentido figurado, claro, como cuando se habla de matar al padre. Mi aniquilamiento fue la supresión de mi visión, el ejercicio consistió en prescindir de ella, de sus modulaciones, y hacerme ser y estar, así, todo en conjunto, de otros modos. Me vi en apuros, tuve que aprender a hablar y a descubrirme en mi diversidad. Entendí que me gustan los sabores de la gente, pero para eso, antes, fue necesario empezar a probarlos, entonces noté mi falta de olfato y mi incapacidad para anticipar ciertos sabores que quizás no me hayan sido tan gratos. Empecé a escuchar más, aunque eso siempre me había gustado, el cambio fue el implicarme en la escucha, acercarme para estar.

Luego fue el tacto. Y ese fue el punto de inflexión, el lugar del no retorno. Me gusta tanto tocar, y es algo tan pero tan ajeno a mi naturaleza, tan aprendido pero tan sentido desde el fondo de mí. Así que ahora toco, y mucho, pero no a cualquiera. No hay modo de tocar sin estar (estar en riesgo permanente, desde mi sociopatía). Me gustan las asperezas, las suavidades, sentir una después de otra en la misma piel, palpar costras y cicatrices, sentir los cabos de una cabeza recién rasurada. Me gusta tocar las comisuras de los labios, mirando a los ojos bien de cerca, bien desde adentro... pero eso he preferido guardarlo para unos pocos selectos. Me gustan las sonrisas en las caras de mis tocados.

Creo que ese es mi sexto sentido, el más explosivo de todos. El que sale de la combinación de mi tacto y mi mirada, pero que solo se descubre a sí mismo en el momento preciso en que yo me descubro a mi misma develada. Todavía no he avanzado tanto, es en ese espacio, que dura milésimas de segundos, que vuelvo a retrotraerme al tiempo viejo del caracol y marco distancia, y de pronto ya no estoy.

23/04/2010

cortarse sola

ella me  dijo que yo le dije que ya era tiempo de que hiciera algo. que hiciera (hacer, hacer, hacer), accionarse, moverse, ocuparse. ella dice que yo se lo dije pero yo digo que no me lo dije, aunque quizás sí se lo dije. me lo digo ahora, cuando ella me cuenta que miro desde afuera y ya no giro, o es ella la que ya no gira.

yo hablo de círculos que se mueven como espirales hacia dentro y hacia afuera, que se cruzan, que se envuelven, que se chocan y se separan. hablo de círculos mayúsculos y de círculos pequeños, y hablo de la gente que pasa por las esferas y que imprime sus huellas y se deja llevar y me lleva, o me llevo en ellos. y cada vez más me siento gurú de manual de autoayuda que usa un lenguaje polivalente y aplicable a la situación de turno de cada cual en su vida y circunstancia, como si algo en este mundo fuera universalizable. así no pienso.

me desfiguro. me fui a descansar.

20/04/2010

Me enamoré una vez

y muchas otras más. Pasa que soy lo que suele definirse como enamoradiza. No soy una adicta, pero es que... sarna con gusto no pica.

Te acordás cuando nos conocimos? Sí, esa siesta de junio después de clases, cuando me llamaste por mi nombre y yo me enojé porque no me gusta que me conozcan sin conocer yo. Me acuerdo de la calcomanía de tu carpeta, mi excusa para charlarte. Y un banco en una sombra en un patio con gente que iba y venía nos hizo de mesa de café, porque antes no había merenderos.

Ja, claro que a la noche fue el msn, después de una tarde sellada con un citric en la parada del colectivo que está en un punto medio entre nuestras casas. Porque para entonces ya sabíamos que vivíamos a 5 cuadras, que habíamos ido al mismo colegio, que cursábamos la misma materia, que leíamos los mismos libros y escribíamos distintas poesías, aunque las hablábamos en bares parecidos.

"Manuscrito hallado en un bolsillo" se cruzó con los Fragmentos de un discurso amoroso al día siguiente. Y los apuntes de historia quedaron en la mesa de la habitación que ya compartíamos, mientras nosotros nos echamos a mirar el cielorraso y después... Sí, ese después no me lo olvido más. Pasa que nadie nunca fue así de transparente conmigo. No me acuerdo exactitudes, pero sí de tu Te amo, no sé si antes, no sé si en 5 minutos, pero en este momento te amo.

Claro que te creí, aunque no pudiera corresponderte. Pasa que ahí no estaba mi amor, pero sospecho que eso siempre lo supiste. Después se rompió el hechizo, y yo por suerte no era ni princesa ni sirvienta, así que no me dejé ninguna prenda olvidada y me fui yendo de a poco, mientras vos te ibas andando también. Hoy guardo tu libro en un estante de mi biblioteca y cada vez que lo leo, te veo y nos recuerdo en esas 24 hs de enamoramiento, que no podrían haber sido nunca más de las que fueron.

17/04/2010

Una de David y Goliat


A ella, que salga de la sombra de la mirada triste y lo monocromático. Que vuelvan los colores, la alegría y la acción.


Pasaron por casa un par de semanas revueltas. La pequeña del hogar dejó de lado la pereza con la que suele cargar y salió a pintar las paredes de su colegio de color naranja. La carrera electoral por el centro de estudiantes fue ardua y el final, lamento dejar de lado el suspenso, fue que los uva se quedaron con el trono.


Los uva regalaron gaseosa, hicieron gala de su posición económica, de los contactos que sus padres les ofrecían y contrataron una murga para colaborar con el espíritu festivo y grotesco de las jornadas. Los naranja regalaron bizcochuelos, improvisaron un poco de ruido y, según recogen los testimonios, apelaron más al contenido de su campaña y a su propia fuerza de trabajo que a lo que otros podrían pagar para ellos.  Desde este lado de la ventana, observamos y juzgamos. Llegamos a martirizar a mi hermana: Qué vergüenza, cuánta demagogia, ¿qué les están enseñando por democracia?, ¿cómo pueden permitir eso las autoridades del colegio?


Todos los días una anécdota nueva, todos los días nuestra queja. Ya basta, ¿qué quieren que haga? Ya va a llegar el debate y ahí se les acaba la fiesta.


Vino el debate. El alumnado, de entre 12 y 18 años, presente. Hay preguntas, presentaciones, careos, promesas, abucheos. Una uva de 17 años, en un acto de autobombo, dice de su lista que es considerablemente superior a la otra porque cuenta con un candidato a la presidencia varón y aclara, mientras la pintura morada -cuyo significado feminista seguramente ignora- le chorrea por la transpiración de la cara, es que las mujeres no estamos capacitadas para llevar adelante ciertas tareas. Además, somos unas histéricas, no podríamos. Oscurecen muchas caras, otros la silban y cuestionan. 


Veda electoral y un día después, la realidad cruza en la frente de mi hermana que, entre bronca y frustración, reconoce por fin que va a un colegio de huecos. Vuelve a la pereza, volvemos a la tranquilidad cotidiana.


No quiero que pase sin más, que se convierta en una anécdota para los menos, y que ella tire la toalla porque un grupo de adolescentes pequeño-burgueses ha dado su voto positivo en favor de la desigualdad, la discriminación y la misoginia, una vez más. Y mañana saldrán del colegio a la calle, con la 4x4 de papá, a pasar por encima del hijo de nadie, con el convencimiento de que su futuro, sus familias, sus vacaciones y sus caprichos están ya pagos, y de que nada podrá detenerlos. A ellos, ojalá que un golpe de realidad los saque de su dañino y nauseabundo pupocentrismo.


A ella, quiero mostrarle un mundo otro en el que vivo -que sí, ya sé que es el mismo-, y que sepa que hay ojos que vienen de donde ella está hoy y posan su mirada en horizontes más lejanos y compartidos, aunque parezcan inalcanzables. Horizontes que se construyen en un día a día de trabajo colectivo, con respeto por los unos y por los otros. Porque la gente cambia, y no es toda ni para siempre la misma.


Que sepa que esa pereza que se sacó una vez, la que todavía la resguarda en su comodidad, la puede volver a dejar de lado para salir a armar otros caminos, en los que el recuerdo de estos grupos uva -señoritos de tantos aires ellos- no sea más que una mala anécdota para armarse de valor y coraje que le sirva para salir adelante. A ella mi estima, mi compañerismo y mi inspiración.

13/04/2010

Siempre fui un caracol


Es que me hago un ovillo dentro de una caparazón y me muevo de forma casi imperceptible, a menos que me pateen o me ladren. Cuando me patean, me rompo. Cuando me ladran, me paralizo.

Pasa que saco las antenas para tomar del sol y ututear por los alrededores. Pero después, me guardo, miro desde dentro, y sólo eventualmente me pongo en juego (cuando me permiten ir a mi ritmo).

Es mentira, yo no soy así. Pero hay momentos en que no puedo evitar sentirme de esta forma. Sale el sol, oscurece, y vuelve otra vez a salir. Y pasa, y la miro, y muevo los labios para hablar, pero no, para qué. Para que diga que sí. Sale el sol, oscurece, y vuelve otra vez a salir. Y pasa, y la miro, y muevo los labios para hablar, y hablo. Me dice que sí. Pero igual, no sé. Vuelvo adentro.

Y así, está claro, ni yo percibo el movimiento.
 
 
Copyright © Retratos u Obsesión
Blogger Theme by BloggerThemes Design by Diovo.com. Premium Wordpress Themes | Premium Wordpress Themes | Free Icons | wordpress theme
Wordpress Themes. Blogger Templates by Blogger Templates and Blogger Templates