
Llegar fue fácil: abrí la puerta, subí las escaleras y ahí estaba. Lo miré, y no, no me devolvió la mirada. Es un reloj. Irme también fue fácil: bajar las escaleras, de nuevo la puerta y otra vez a la calle a ver el lado acostumbrado. Lo curioso? El "mientras tanto" y el "después", porque ese "otro lado" me abrió otros lugares.
Enredos y bloqueos: atrás, al costado.
Mi "otro lado" se siente invadido. Soy yo entrando, encontré su puerta, entré sin golpear. Es lo mínimo que me corresponde. Ahora el proceso, a ver cómo se vive este "mientras tanto" y sin idea de cómo será el "después".