10/05/2010

Se disfruta

Mi vida a veces puede ser una gran carcajada. Y es mejor así, sin imágenes ni mil palabras. 

04/05/2010

Los sentidos, mis sentidos

Lo siento. Lo siento tanto. Y es algo corporal que me atraviesa viceralmente.
Naturalmente, tiendo a decirme dueña de seis sentidos, y el sexto está ahí, es ese transversal que surge de la combinación de uno y otro sentido, de todos, de algunos y se me mete como línea oblicua que serpentea dentro llenándome de chuchos y escalofríos.

Primero, pensé y sentí que mi mirada era lo fundamental. Yo era en mi mirada: era mi arma, mi comunicación, mi espacio de recreación, mi puente hacia los otros, mi manera de ruborizarme, de marcar enojos y rencor, mis indiferencias, mi extensión, mi caña de pescar, mi negación, y por eso, ante todo, yo era en mi mirada estando sin estar. Porque mi cuerpo no se metía, jamás... hasta que el territorio no fuera digno de ser creído tierra firme, un lugar seguro.

Inevitablemente, tuve que matarme. Un sentido figurado, claro, como cuando se habla de matar al padre. Mi aniquilamiento fue la supresión de mi visión, el ejercicio consistió en prescindir de ella, de sus modulaciones, y hacerme ser y estar, así, todo en conjunto, de otros modos. Me vi en apuros, tuve que aprender a hablar y a descubrirme en mi diversidad. Entendí que me gustan los sabores de la gente, pero para eso, antes, fue necesario empezar a probarlos, entonces noté mi falta de olfato y mi incapacidad para anticipar ciertos sabores que quizás no me hayan sido tan gratos. Empecé a escuchar más, aunque eso siempre me había gustado, el cambio fue el implicarme en la escucha, acercarme para estar.

Luego fue el tacto. Y ese fue el punto de inflexión, el lugar del no retorno. Me gusta tanto tocar, y es algo tan pero tan ajeno a mi naturaleza, tan aprendido pero tan sentido desde el fondo de mí. Así que ahora toco, y mucho, pero no a cualquiera. No hay modo de tocar sin estar (estar en riesgo permanente, desde mi sociopatía). Me gustan las asperezas, las suavidades, sentir una después de otra en la misma piel, palpar costras y cicatrices, sentir los cabos de una cabeza recién rasurada. Me gusta tocar las comisuras de los labios, mirando a los ojos bien de cerca, bien desde adentro... pero eso he preferido guardarlo para unos pocos selectos. Me gustan las sonrisas en las caras de mis tocados.

Creo que ese es mi sexto sentido, el más explosivo de todos. El que sale de la combinación de mi tacto y mi mirada, pero que solo se descubre a sí mismo en el momento preciso en que yo me descubro a mi misma develada. Todavía no he avanzado tanto, es en ese espacio, que dura milésimas de segundos, que vuelvo a retrotraerme al tiempo viejo del caracol y marco distancia, y de pronto ya no estoy.

23/04/2010

cortarse sola

ella me  dijo que yo le dije que ya era tiempo de que hiciera algo. que hiciera (hacer, hacer, hacer), accionarse, moverse, ocuparse. ella dice que yo se lo dije pero yo digo que no me lo dije, aunque quizás sí se lo dije. me lo digo ahora, cuando ella me cuenta que miro desde afuera y ya no giro, o es ella la que ya no gira.

yo hablo de círculos que se mueven como espirales hacia dentro y hacia afuera, que se cruzan, que se envuelven, que se chocan y se separan. hablo de círculos mayúsculos y de círculos pequeños, y hablo de la gente que pasa por las esferas y que imprime sus huellas y se deja llevar y me lleva, o me llevo en ellos. y cada vez más me siento gurú de manual de autoayuda que usa un lenguaje polivalente y aplicable a la situación de turno de cada cual en su vida y circunstancia, como si algo en este mundo fuera universalizable. así no pienso.

me desfiguro. me fui a descansar.

20/04/2010

Me enamoré una vez

y muchas otras más. Pasa que soy lo que suele definirse como enamoradiza. No soy una adicta, pero es que... sarna con gusto no pica.

Te acordás cuando nos conocimos? Sí, esa siesta de junio después de clases, cuando me llamaste por mi nombre y yo me enojé porque no me gusta que me conozcan sin conocer yo. Me acuerdo de la calcomanía de tu carpeta, mi excusa para charlarte. Y un banco en una sombra en un patio con gente que iba y venía nos hizo de mesa de café, porque antes no había merenderos.

Ja, claro que a la noche fue el msn, después de una tarde sellada con un citric en la parada del colectivo que está en un punto medio entre nuestras casas. Porque para entonces ya sabíamos que vivíamos a 5 cuadras, que habíamos ido al mismo colegio, que cursábamos la misma materia, que leíamos los mismos libros y escribíamos distintas poesías, aunque las hablábamos en bares parecidos.

"Manuscrito hallado en un bolsillo" se cruzó con los Fragmentos de un discurso amoroso al día siguiente. Y los apuntes de historia quedaron en la mesa de la habitación que ya compartíamos, mientras nosotros nos echamos a mirar el cielorraso y después... Sí, ese después no me lo olvido más. Pasa que nadie nunca fue así de transparente conmigo. No me acuerdo exactitudes, pero sí de tu Te amo, no sé si antes, no sé si en 5 minutos, pero en este momento te amo.

Claro que te creí, aunque no pudiera corresponderte. Pasa que ahí no estaba mi amor, pero sospecho que eso siempre lo supiste. Después se rompió el hechizo, y yo por suerte no era ni princesa ni sirvienta, así que no me dejé ninguna prenda olvidada y me fui yendo de a poco, mientras vos te ibas andando también. Hoy guardo tu libro en un estante de mi biblioteca y cada vez que lo leo, te veo y nos recuerdo en esas 24 hs de enamoramiento, que no podrían haber sido nunca más de las que fueron.

17/04/2010

Una de David y Goliat


A ella, que salga de la sombra de la mirada triste y lo monocromático. Que vuelvan los colores, la alegría y la acción.


Pasaron por casa un par de semanas revueltas. La pequeña del hogar dejó de lado la pereza con la que suele cargar y salió a pintar las paredes de su colegio de color naranja. La carrera electoral por el centro de estudiantes fue ardua y el final, lamento dejar de lado el suspenso, fue que los uva se quedaron con el trono.


Los uva regalaron gaseosa, hicieron gala de su posición económica, de los contactos que sus padres les ofrecían y contrataron una murga para colaborar con el espíritu festivo y grotesco de las jornadas. Los naranja regalaron bizcochuelos, improvisaron un poco de ruido y, según recogen los testimonios, apelaron más al contenido de su campaña y a su propia fuerza de trabajo que a lo que otros podrían pagar para ellos.  Desde este lado de la ventana, observamos y juzgamos. Llegamos a martirizar a mi hermana: Qué vergüenza, cuánta demagogia, ¿qué les están enseñando por democracia?, ¿cómo pueden permitir eso las autoridades del colegio?


Todos los días una anécdota nueva, todos los días nuestra queja. Ya basta, ¿qué quieren que haga? Ya va a llegar el debate y ahí se les acaba la fiesta.


Vino el debate. El alumnado, de entre 12 y 18 años, presente. Hay preguntas, presentaciones, careos, promesas, abucheos. Una uva de 17 años, en un acto de autobombo, dice de su lista que es considerablemente superior a la otra porque cuenta con un candidato a la presidencia varón y aclara, mientras la pintura morada -cuyo significado feminista seguramente ignora- le chorrea por la transpiración de la cara, es que las mujeres no estamos capacitadas para llevar adelante ciertas tareas. Además, somos unas histéricas, no podríamos. Oscurecen muchas caras, otros la silban y cuestionan. 


Veda electoral y un día después, la realidad cruza en la frente de mi hermana que, entre bronca y frustración, reconoce por fin que va a un colegio de huecos. Vuelve a la pereza, volvemos a la tranquilidad cotidiana.


No quiero que pase sin más, que se convierta en una anécdota para los menos, y que ella tire la toalla porque un grupo de adolescentes pequeño-burgueses ha dado su voto positivo en favor de la desigualdad, la discriminación y la misoginia, una vez más. Y mañana saldrán del colegio a la calle, con la 4x4 de papá, a pasar por encima del hijo de nadie, con el convencimiento de que su futuro, sus familias, sus vacaciones y sus caprichos están ya pagos, y de que nada podrá detenerlos. A ellos, ojalá que un golpe de realidad los saque de su dañino y nauseabundo pupocentrismo.


A ella, quiero mostrarle un mundo otro en el que vivo -que sí, ya sé que es el mismo-, y que sepa que hay ojos que vienen de donde ella está hoy y posan su mirada en horizontes más lejanos y compartidos, aunque parezcan inalcanzables. Horizontes que se construyen en un día a día de trabajo colectivo, con respeto por los unos y por los otros. Porque la gente cambia, y no es toda ni para siempre la misma.


Que sepa que esa pereza que se sacó una vez, la que todavía la resguarda en su comodidad, la puede volver a dejar de lado para salir a armar otros caminos, en los que el recuerdo de estos grupos uva -señoritos de tantos aires ellos- no sea más que una mala anécdota para armarse de valor y coraje que le sirva para salir adelante. A ella mi estima, mi compañerismo y mi inspiración.

13/04/2010

Siempre fui un caracol


Es que me hago un ovillo dentro de una caparazón y me muevo de forma casi imperceptible, a menos que me pateen o me ladren. Cuando me patean, me rompo. Cuando me ladran, me paralizo.

Pasa que saco las antenas para tomar del sol y ututear por los alrededores. Pero después, me guardo, miro desde dentro, y sólo eventualmente me pongo en juego (cuando me permiten ir a mi ritmo).

Es mentira, yo no soy así. Pero hay momentos en que no puedo evitar sentirme de esta forma. Sale el sol, oscurece, y vuelve otra vez a salir. Y pasa, y la miro, y muevo los labios para hablar, pero no, para qué. Para que diga que sí. Sale el sol, oscurece, y vuelve otra vez a salir. Y pasa, y la miro, y muevo los labios para hablar, y hablo. Me dice que sí. Pero igual, no sé. Vuelvo adentro.

Y así, está claro, ni yo percibo el movimiento.

09/04/2010

De por qué soy como soy





H: -Mejor cambio el regalo, ya se me ocurrió algo mejor.

Mamá: - ¿Qué cosa?

H: -Un álbum de fotos hecho a mano, con momentos de los últimos dos años.

Mamá: -No entiendo, ¿cuál es la utilidad de eso?


Y así, me criaron. 

06/04/2010

El del tamboril


Era domingo, y el sol pegaba violento, las bicis iban y volvían por la calle. La feria se había instalado cerca del club náutico del pueblo y el agua del mar, que todo lo rodeaba, ayudaba a que el calor se viera un poco neutralizado.

Él hizo el camino como si liderara a una troupe de tamborileros rimbombantes en un desfile de máscaras y saltimbanquis. Y yo, que pasaba por ahí en un día de retratos iluminados, lo acompañé en su ruta durante unos metros que fueron una vuelta, en años, a una infancia de cotillón que no sé si alguna vez habré tenido, pero que, seguramente, varias imaginé.

Después, seguimos por separado. Cada cual en su mundo de fantasmas y fantasías.

31/03/2010

Salud a mí


Hace 2 años, cuando saqué esta imagen , el único elemento que tenía algo que ver con la suerte, en esta habitación, eran esos dados. Hoy, mi llavero cuenta con la presencia de un duende que me resguarda de malos presagios, una de mis repisas alberga a una gallina de cresta transparente con un dado naranja en su estómago y, recientemente, se sumó al paisaje una lechuza diminuta, por si las moscas.

Enrique sigue igual, ya no lo descuelgo de la ventana que le fue asignada, la que mira al norte. En la que da hacia el sur está Sveo, otro inmigrante ilegal, de origen dudoso, pero que llegó a la casa en un vuelo procedente de Suecia, tras hacer escalas más o menos prolongadas en España, Francia y Buenos Aires.

Los perros se separaron. Es que creí que había hallado al amor de mi vida sentado en un bar, esperando a que yo me acercara a conquistarlo con las pocas palabras de euskera que sabía. A los pocos meses recordé que yo no creía en amores de la vida, y reconocí que quizás había sido un poco precipitado ceder uno de los canes bajo la promesa de un futuro reencuentro.

La rosa sigue estando sujetada por los delfines, sólo que ahora la acompaña otra flor, aún más artificial, que se sumó en algún punto del recorrido. La rana se se ubica al lado del perro solitario, y comparte espacio con la gallinita, una ardilla cosmopolita, un toro malagueño, un pequeño trol sueco, un tigre vasco y una zarigüella noruega que está lista para zambullirse en la pileta.

Sumé un estante de medios de transporte. El original es un modelo que se parece a Bonky Boo, ahora lo acompañan un tradicional Ford A de madera y un botecito de Playmovil capitaneado por un pirata y su secuaz, un granjero. Alguien se dio cuenta de que me gustaban las ovejas (me fascinan), y, como es imaginable, ya hay un par dando vueltas por ahí.

Veo más colores, algunos cerámicos, una paleta improvisada en telgopor con restos de témpera fucsia y verde. Al otro lado de la habitación, una lámpara de pie turquesa que suele hacer las veces de perchero. Tengo un vaso plástico con estrellas rosas flotando en sus bordes y un pato de hojalata que anda en bicicleta cuando le doy cuerda.

El resto lo guardo en cajas de zapatos vacías. O son papeles entre los libros, que también crecieron en cantidad.

Mariana, mucho gusto. Casi 24 años de edad

28/03/2010

Brilla

El pueblo es un pasaje. La entrada... curiosa, una playa de estacionamiento. Hacia el final, un barranco que va a dar al mar. A lo largo del camino están las casas (de esas que parecen aptas para que vivan familias), una iglesia, bares, cervecerías, taperías, y que no falte el club barrial que invita al señor pueblerino a continuar con la ingesta alcohólica. Cruzo una explanada que, sospecho, hace las veces de foro público o plaza.

Recorrí con ellas la ruta. El pueblo es una pasaje al costado del mar, se ve profundo desde arriba. Por momentos, parece que el agua va a tomar la tierra, pero sabemos que no. Los buques industriales entran y salen al otro lado de la bahía, por éste, los nenes juegan a ver quién cae mejor parado, como si de una pileta de aguas claras se tratara.

Vamos y volvemos. El pueblo es un pasaje al costado del mar, con un pedazo de cielo privilegiado, y la palabra no es burda. La captura es casual, pero no el sentido.¿Cómo perder de vista el momento en que la luna quedó atrapada entre dos encordados celestes, justo cuando aquel avión a chorro pasaba disparado como cohete que escapa de su órbita?

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Iba yo entre laberintos internos cuando recordé el sonido que brilla, ese que escucho sólo con acordes que (me) vuelan. Y brillé. 

25/03/2010

Yo construyo


Me he dado cuenta de que mi ego anda herido.

La sinapsis falla. La cabeza está por el piso, los pies a veces no responden. Además, he perdido gran parte de mi capacidad expresiva. A veces ni queda la sintaxis. Más evidente, aún, es que estuve de viaje por tierras hermosas, pero el retrato que elijo para ilustrarlo es interno.

Esta es la isla de los inventos (Rosario). La tarde fue un retorno a la infancia entre legos y pócimas optimistas, arquitectura revisada con edificios modernistas en madera y una casa con techo a dos aguas de hierritos que aprendí a soldar -con puerta y sin ventanas, todavía me falta cancha-. Jornada que cierra con la flor que bordé en una manta colectiva de recuerdos.

Lo visto es que no inventé nada nuevo, tampoco. Pero construí, uní piezas. Y mirá que es retorcido llegar a lo positivo entre adverbios de negación y nexos adversativos, pero se llega. Al menos el título de la entrada es asertivo.

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Tengo un ego que necesita curarse y estamos tratándolo por medio de diferentes terapias. Queda el lector advertido frente al contenido de futuras entradas.

18/03/2010

Yo soy público



Acá, mi lugar. No necesariamente en la sombra, ahí.
Porque sin público no hay espectáculo.

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Nuevo diseño. Quizás quizás, nuevas formas. Las cosas están cambiando.

01/03/2010

Hoy soy paloma

Y es una frase con sentidos múltiples, lo acotamos.

Sabés cómo me siento? Blanco perfecto de estafas, estoy aquí para vos. Vení, engañame, yo te voy a creer. Es que tengo ganas, y además lo necesito. Dale, en serio, vos confiá en mí, yo voy a confiar en vos. Lo que sea con tal de tener en qué creer. El silencio me perturba. El vacío también.


21/02/2010

De un duende y mi mente enana

Este es mi ángel de la guarda. Gesto socarrón y burlón, sobre el respaldo de mi cama. Su compañía no es ni dulce ni salada. Tampoco molesta ni divierte.

Nuestra relación en los cinco años que llevamos juntos ha sido la de dos viejos compañeros ha quienes las circunstancias de la vida obligaron a compartir camino. No nos llevamos bien, tampoco mal. Es evidente que no nos queremos y que las actividades del uno no le hacen la más mínima gracia al otro. El sentimiento es mutuo.

Yo no lo colgué en la pared. Fue mi madre, en un intento por conciliar nuestros intereses disímiles. De cualquier modo, fue vano. Él se encuentra en su lugar y yo en el mío, medio metro por debajo. No se trata solo de que nuestros intereses no sean compatibles entre ellos, es que, además, ninguno de los dos está dispuesto a negociar y/o discutir su forma de estar en el mundo. Cada cual vive encasillado en su terreno, con sus objetivos diarios, y apenas si nos preocupamos por recordarnos la convivencia y pensar que, quizás, ese otro podría tener alguna necesidad de nosotros. Yo velo por mí, tu vela por ti.

Tengo el pleno convencimiento de que me roba. Sucede que las fechas coinciden. O quizás sea solo que me he vuelto más desordenada desde que su presencia llegó a perturbar mi equilibrio. Aquí faltan cosas, y yo no encuentro más explicación que desconfiar de aquel con el que vivo.

Se va él o me voy yo. Porque cómo vamos a estar así, nos es preciso un momento de paz, un poder andar tranquila por la casa de una, si tener que estar pendiente de que haya o no una mirada de burla a mis espaldas. Es que esos ojos ya no me dejan dormir.


07/02/2010

Ayer pasé por tu casa

Acá estoy parada dos pisos abajo de uno de los lugares en que más tiempo pasé en los últimos cuatro meses.

A veces tengo sensaciones que se parecen a profecías, porque mis primeras impresiones con la gente y los lugares deciden por mí dónde voy a volver a pisar o en los brazos de quién voy a dejarme caer. Cuando llego a un lugar y me siento cómoda, sé que voy a volver, sé que quiero volver. Por eso, cuando llegué aquí, supe que había una historia por escribir.

Dos pisos más arriba, hice pie y me anclé. Te conocí, me conocí y me reconocí. Nos conocí. Acepté probar de acompañarnos, me dejé llevar, me impacienté, te seguí, me enojé, te enojé, te seguí siguiendo, te escribí, te leí, cantamos, rezamos, lloramos, hablamos, reímos más. Te quise distinto, te amé. Y me amaste. Me fui dejando a mí por los rincones, me fui llevando imágenes de colección que no se van a borrar.

Y hoy te escribo en pasado, pero mis sentimientos están en presente.

A veces intento pensar qué hubiera pasado si nunca me hubiera atrevido a subir esos dos pisos, pero pasó tanto en tan poco, que no hay lugar para titubeos.

Hoy te vas y yo te veo partir y paso por la planta baja del lugar en el que tantas veces fui feliz y me acuerdo de vos y todavía tengo eso que estaba ahí la primera vez que fui. Sigo mi camino, no tiene caso detenerme ahora.

Queda el dulce optimismo, la incerteza de no saber.

 
 
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